Por Juan Pablo Ojeda
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha intensificado las gestiones diplomáticas con la Santa Sede para dar cumplimiento a los compromisos de política exterior adquiridos a finales de 2025. El secretario Roberto Velasco encabezó la delegación mexicana ante el nuncio Joseph Spiteri para evaluar la viabilidad de los acuerdos bilaterales.
Esta movilización institucional ocurre semanas después de que el Papa León XIV manifestara públicamente su interés de fortalecer el camino pastoral en México. Sin embargo, la comunicación oficial del Vaticano, filtrada por fuentes cercanas a la sala de prensa, señala una discrepancia entre el deseo del pontífice y la realidad logística de la curia.
La invitación extendida por la presidenta Sheinbaum en diciembre pasado buscaba consolidar una visita de Estado que fortaleciera la imagen de paz y estabilidad en la región. La mandataria utilizó el simbolismo de la Virgen de Guadalupe como puente diplomático, una estrategia de soft power diseñada para alinear intereses religiosos y estatales.
A pesar de estos esfuerzos de alto nivel, la exclusión de México de la agenda papal para 2026 representa un ajuste en las expectativas de la cancillería mexicana. Los protocolos de transparencia obligan a la SRE a redefinir la hoja de ruta para evitar un vacío en la interlocución con uno de los Estados más influyentes del mundo.
Durante el encuentro entre Velasco y Spiteri, se puso énfasis en la necesidad de mantener «visitas de alto nivel» no especificadas, las cuales fungirán como mecanismo de rendición de cuentas sobre los avances en la visión humanista compartida. Estas reuniones son críticas para la fiscalización de los acuerdos de paz y derechos humanos.
La Santa Sede ha sido cautelosa al declarar que, por el momento, no existen las condiciones de agenda para el viaje este año. Esta decisión impacta directamente en la planificación de eventos masivos y la logística de seguridad que el gobierno mexicano ya comenzaba a proyectar en la capital del país.
El escrutinio sobre la relación Estado-Iglesia se mantiene vigente conforme se acercan las fechas clave del calendario guadalupano. La administración federal busca asegurar que la postergación de la visita no afecte los lazos de cooperación en temas migratorios y de asistencia social que se gestionan a través de la Nunciatura Apostólica.
