Donald Trump inicia este miércoles una visita oficial a Pekín en un momento crítico para la política exterior estadounidense y la cohesión de la OTAN. Tras amenazar con abandonar la alianza trasatlántica debido a la falta de respaldo en la guerra contra Irán, el mandatario busca legitimar sus acciones militares mediante un acercamiento estratégico con el presidente chino Xi Jinping. La cumbre es vista como un intento de evadir el aislamiento diplomático occidental.
El objetivo principal de la administración Trump es forzar la participación de China en una coalición militar internacional para reabrir el Estrecho de Ormuz. Washington utiliza el bloqueo de los puertos iraníes y la parálisis de los buques petroleros chinos como moneda de cambio para obtener el apoyo de Pekín. Esta estrategia busca trasladar parte de la responsabilidad operativa y financiera del conflicto a la segunda potencia mundial.
La rendición de cuentas sobre el gasto militar en Oriente Medio es un tema de fricción interna en Estados Unidos. Trump necesita presentar un «triunfo» diplomático ante el Congreso para justificar la continuidad de las operaciones bélicas que han retrasado la agenda comercial desde marzo. La cumbre en China representa la oportunidad de demostrar que su política de presión puede generar resultados tangibles en la seguridad marítima global.
Expertos en derecho internacional señalan que el reconocimiento de los derechos de China sobre Taiwán es la ficha que Xi Jinping pondrá sobre la mesa. El mandatario chino condicionará cualquier apoyo en Ormuz al reconocimiento de su soberanía territorial, un movimiento que alteraría décadas de política exterior estadounidense. Este intercambio de concesiones marcaría el inicio formal de una gestión bipolar del orden mundial.
El distanciamiento de Estados Unidos con sus aliados tradicionales en Europa ha acelerado el interés por reflotar la idea de un «G2». Al margen de las instituciones multilaterales como el G7, Trump y Xi podrían establecer un mecanismo de decisión binario para resolver crisis de seguridad. Este esquema dejaría fuera de la ecuación a los miembros de la OTAN que se han negado a financiar la ofensiva contra Teherán.
La transparencia en las negociaciones comerciales también será fiscalizada. Se espera que Trump reitere sus demandas de apertura de mercados, mientras Xi solicita el levantamiento de las sanciones que pesan sobre las empresas tecnológicas chinas. El uso de los minerales de tierras raras como herramienta de presión por parte de Pekín es una de las mayores preocupaciones para los departamentos de Defensa y Energía en Washington.
La cumbre concluye el jueves con una declaración conjunta que definirá el nuevo rumbo de la geopolítica actual. Si Trump logra asegurar el compromiso de Xi en el Golfo Pérsico, habrá sorteado temporalmente las críticas por su ruptura con la OTAN. No obstante, el costo político de ceder ante las demandas territoriales de China en el Pacífico podría generar una nueva ola de cuestionamientos legales y constitucionales en su país.
