Ateneas y vallas de acero blindan el Centro Histórico durante marcha

Un auténtico muro de acero y uniformes azules recibió este domingo a la manifestación del 8M en la Ciudad de México. El Gobierno central implementó un robusto dispositivo de seguridad que incluyó la colocación de vallas metálicas kilométricas y el despliegue de cientos de elementos femeninos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC).

El operativo tuvo como objetivo primordial resguardar tanto la integridad de las asistentes como los inmuebles históricos a lo largo de Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y el Zócalo. Desde el viernes por la noche, las autoridades se pusieron las pilas amurallando el Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana y el Palacio de Bellas Artes.

El agrupamiento femenil Ateneas, conocido por ser la primera línea de contención en este tipo de eventos, escoltó a los contingentes durante todo el trayecto. Las uniformadas marcharon a la par de las manifestantes, manteniendo un ambiente tenso pero controlado, sin que la sangre llegara al río durante las horas de mayor afluencia en las calles.

Previo al arranque de la movilización, la policía capitalina instaló filtros de revisión aleatorios en puntos estratégicos. En estas zonas, se realizó el decomiso de objetos que representaban un riesgo, como martillos, latas de aerosol y tubos, buscando que la marcha transcurriera en paz y sin sobresaltos mayores para la ciudadanía.

El contraste visual fue evidente: por un lado, la enorme marea morada clamando justicia; por el otro, el frío metal de las murallas gubernamentales. Esta táctica de contención, implementada desde hace varios años, busca minimizar las pintas y daños al mobiliario urbano que históricamente ocurren durante las protestas de esta fecha.

A pesar de los ánimos encendidos en algunos cruces, como en la Glorieta de Bucareli, el contacto entre las manifestantes y las fuerzas del orden se mantuvo en el terreno de las consignas verbales. Las Ateneas, equipadas con equipo táctico y escudos, se mantuvieron firmes aguantando vara ante los reclamos dirigidos a las instituciones encargadas de la procuración de justicia.

El Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) formó parte integral del protocolo, desplegando paramédicos a pie y en motocicleta. Su labor fue fundamental para atender descompensaciones, torceduras y raspones, garantizando que el apoyo médico estuviera a tiro de piedra de cualquier emergencia en medio del contingente.

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) también le entró al quite, monitoreando el actuar policial mediante observadores distribuidos en toda la ruta. Su presencia fungió como un puente de mediación preventivo en los momentos donde la tensión amenazaba con subir de tono entre civiles y policías.

Al cierre de la jornada, las autoridades locales procedieron a realizar el conteo de los daños materiales y a estructurar el saldo de la movilización. El dispositivo de seguridad demostró ser la herramienta predilecta del gobierno para mantener el orden de manera disuasiva en una urbe acostumbrada a ser el gran epicentro de la protesta nacional.

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