Si creías que ya lo habías visto todo desde las alturas, prepárate para un nuevo nivel de vértigo. La ciudad de Puebla acaba de estrenar el 11:11 (u Once Once), el observatorio que se corona oficialmente como el más alto del país. Suspendido a casi 200 metros sobre el suelo, este espacio promete una panorámica que abarca desde los gigantes de fuego hasta los rincones más pintorescos del centro de México.
Vértigo y diseño en el piso 38
La travesía arranca en un elevador con techo de cristal que atraviesa un túnel de luces rítmicas para depositarte en el piso 38 de la Torre 303. Al llegar, el ambiente cambia: jardines verticales y una estética contemporánea te reciben. El recorrido es de 360 grados, lo que garantiza que no se te escape ni un detalle del horizonte poblano.
Para los más valientes, el lugar cuenta con el Sky Box, un mirador triangular con piso de cristal que te deja literalmente colgando a 198 metros de altura. Si los nervios te lo permiten, podrás usar los visores panorámicos para acechar las cumbres de La Malinche, el Iztaccíhuatl, el Popocatépetl y, si el cielo está de buenas, hasta el Pico de Orizaba.
¿Qué verás desde las nubes?
La ubicación estratégica en la zona de Lomas de Angelópolis permite observar puntos clave de la región:
- Al Oeste: Los Pueblos Mágicos de Cholula y Atlixco.
- Al Sureste: La Presa de Valsequillo.
- Al Norte: La mancha urbana de la capital poblana.
Ubicación, costos y horarios
El Observatorio 11:11 se localiza en la junta auxiliar de San Bernardino Tlaxcalancingo, dentro del municipio de San Andrés Cholula, Puebla. Para los chilangos que quieran lanzarse, el trayecto desde la CDMX es de aproximadamente 2 horas y media por la autopista.
- Costo de entrada: $239 pesos para adultos y $211 pesos para menores de 11 años.
- Horario general: Lunes a domingo de 10:00 a 22:00 horas.
- Horario nocturno: Viernes y sábados se extiende hasta las 12:00 de la noche.
El lugar también cuenta con cafetería, zonas de descanso y tienda de souvenirs para quienes prefieren disfrutar de la vista con un café en mano antes de emprender el regreso a tierra firme.
