La expansión de ciclovías en la Ciudad de México no ha sido suficiente para frenar los riesgos que enfrentan diariamente los ciclistas. Aunque la red ha crecido en los últimos años como parte de la política de movilidad sustentable, datos oficiales muestran que continúan registrándose lesiones y fallecimientos, principalmente en intersecciones y vialidades primarias con alta velocidad vehicular.
De acuerdo con reportes de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México (Semovi), entre 2019 y 2024 se contabilizaron más de un centenar de muertes de ciclistas en hechos de tránsito, además de miles de personas lesionadas en distintos niveles de gravedad. Las autoridades han señalado que, si bien existe una tendencia de reducción en algunos periodos, los incidentes continúan concentrándose en puntos críticos de la capital.
Por su parte, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México ha implementado operativos para sancionar la invasión de ciclovías por parte de automovilistas y motociclistas, una de las principales denuncias de colectivos ciclistas. Sin embargo, usuarios reportan que la ocupación indebida de carriles confinados sigue siendo recurrente, lo que obliga a ciclistas a incorporarse a carriles de alta velocidad.
El Reglamento de Tránsito capitalino establece la prioridad del ciclista como usuario vulnerable de la vía; no obstante, especialistas en movilidad urbana advierten que la aplicación de sanciones es irregular y que persiste una débil cultura de respeto vial. Además, señalan que el crecimiento en kilómetros de ciclovía no siempre ha ido acompañado de mantenimiento adecuado ni de infraestructura realmente protegida.
Informes técnicos de Semovi indican que las intersecciones representan los puntos de mayor riesgo, debido a giros indebidos, falta de visibilidad y exceso de velocidad. La probabilidad de muerte en un atropellamiento aumenta de manera significativa cuando el impacto ocurre a más de 50 kilómetros por hora, según estándares internacionales citados por autoridades de movilidad.
A nivel estructural, expertos coinciden en que la ciudad mantiene un modelo vial históricamente orientado al automóvil, lo que complica la consolidación de una red ciclista segura y continua. La fragmentación de trayectos y la limitada conexión con sistemas de transporte masivo siguen siendo retos pendientes en la planeación urbana.
Si bien el gobierno capitalino ha destacado la ampliación de infraestructura ciclista y campañas de concientización, organizaciones civiles sostienen que la seguridad no debe medirse únicamente en kilómetros construidos, sino en la reducción sostenida de siniestros y en la percepción de seguridad de quienes utilizan la bicicleta como medio de transporte cotidiano.
