La presidenta Claudia Sheinbaum reveló en su mañanera de este lunes 12 de enero de 2026 que buscó una llamada con Donald Trump para cortar de raíz la narrativa de una intervención “por tierra” contra cárteles: le dijo que eso no está sobre la mesa, y que la cooperación sí, pero con soberanía.
El contexto no es menor: días antes, Trump había escalado el discurso en televisión al sugerir ataques terrestres y al insistir en que los cárteles “mandan” en México, lo que en Palacio Nacional se leyó como una línea roja. En esa misma lógica, Sheinbaum ya había ordenado reforzar la coordinación diplomática para evitar que el amago se convirtiera en agenda oficial.
Según lo reportado, la conversación fue breve (15 minutos), de tono “amable”, y tocó seguridad, drogas, comercio e incluso la situación en Venezuela (tema que Trump llevó a la mesa). Sheinbaum sostuvo su postura de no intervención y de autodeterminación.
El punto más político (y calculado) fue el uso de números con sello estadounidense: Sheinbaum dijo que el tráfico de fentanilo habría caído alrededor de 50% en el último año, medido por incautaciones del lado de EE. UU. (CBP). Con eso, México busca desarmar el argumento de “necesitamos entrar porque no están haciendo nada”.
Pero aquí hay letra chiquita: medir “cruce” solo con decomisos puede ser resbaloso, porque las incautaciones también se mueven por cambios en inspecciones, inteligencia y rutas. CBP publica estadísticas y aclara que las cifras finales se consolidan al cierre del año fiscal, así que el indicador sirve para discutir tendencia, no para cantar victoria definitiva.
En el terreno duro, el mensaje fue directo: Trump ofreció “ayuda” más intrusiva y Sheinbaum la rechazó, insistiendo en que la cooperación debe mantenerse “en el marco de nuestra soberanía” y sin intervención militar. Reuters consignó la frase que resume el enfoque: “coordinación sin subordinación”.
La otra batalla, menos visible pero más estratégica, es la del lenguaje: México no quiere que el rótulo de “terrorismo” aplicado desde Washington se convierta en pretexto para acciones unilaterales. Por eso, el gobierno empujó candados constitucionales para impedir incursiones y limitar investigaciones extranjeras sin autorización, incorporando un párrafo explícito en el artículo 40 contra intromisiones.
Además, Sheinbaum adelantó que el trabajo bilateral seguirá vía un comité/mesa conjunta, con una nueva reunión programada para el 22 y 23 de enero en Estados Unidos, lo que confirma que la apuesta es institucionalizar la coordinación para que no dependa del “humor” del discurso político de un día.
En paralelo, la presidenta llevó el episodio al terreno doméstico: acusó a la oposición de empujar narrativas que —según su lectura— buscan “internacionalizar” el conflicto y abrir la puerta a presiones externas. Es una jugada clásica: si el golpe viene de fuera, se responde cerrando filas adentro.
La conclusión es clara: México intenta navegar un momento de alta fricción con una receta que suena bien en discurso y es difícil en la práctica: cooperación real, resultados medibles, y una frontera infranqueable en lo simbólico y legal: la soberanía. La pregunta es si ese equilibrio aguantará la próxima escalada mediática… o la próxima crisis.
