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No es solo cuánto consumes: la forma de usar marihuana también podría revelar un consumo problemático

La manera en que una persona consume marihuana podría aportar información importante sobre la intensidad de su consumo. Un nuevo estudio realizado con más de 17 mil adultos en Estados Unidos encontró que quienes utilizan cannabis de distintas formas —como fumarlo, vapearlo, consumirlo en comestibles o utilizar concentrados— presentan una probabilidad considerablemente mayor de consumirlo a diario y de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis.

La investigación, publicada en la revista Addictive Behaviors, plantea que preguntar únicamente si una persona consume marihuana puede resultar insuficiente para evaluar sus hábitos. También sería relevante conocer cómo la consume y cuántas modalidades combina.

El estudio fue encabezado por el doctor Omar El-Shahawy, profesor adjunto de salud poblacional en la NYU Grossman School of Medicine, quien señaló que utilizar cannabis en múltiples presentaciones podría funcionar como una señal de alerta para identificar patrones de consumo más intenso.

Los investigadores analizaron información correspondiente a más de 17,700 adultos estadounidenses que participaron en una encuesta federal sobre consumo de drogas y salud durante 2022 y 2023.

Fumar ya no es la única forma de consumir cannabis

Durante años, buena parte de las conversaciones sobre los riesgos de la marihuana se concentró en fumarla. Sin embargo, la expansión de los vaporizadores, los alimentos con cannabis y los concentrados ha multiplicado las formas disponibles para consumirla.

Los investigadores encontraron que aproximadamente 14% de los participantes utilizaba cannabis en casi todas las modalidades analizadas. Otro 48% fumaba principalmente, 21% combinaba fumar y vapear, mientras que 17% recurría principalmente a productos comestibles.

La diferencia más llamativa apareció cuando los investigadores analizaron la relación entre esas modalidades y los patrones de consumo.

Las personas que utilizaban cannabis en múltiples formas tenían 2.7 veces más probabilidades de consumirlo diariamente y 2.8 veces más probabilidades de presentar un trastorno por consumo de cannabis, en comparación con quienes utilizaban principalmente una modalidad.

Esto no significa que utilizar diferentes presentaciones provoque por sí mismo una adicción. Se trata de una asociación observada en los datos. El estudio identifica un patrón que puede ayudar a los profesionales de la salud a reconocer a personas que podrían requerir una evaluación más profunda.

Los usuarios que combinan varias modalidades concentran mayor riesgo

El comportamiento que más llamó la atención de los investigadores fue precisamente la combinación de diferentes métodos.

Una persona puede fumar cannabis en determinadas ocasiones, utilizar un vaporizador en otras y recurrir a comestibles o concentrados en momentos diferentes. Esa variedad puede facilitar que el consumo se integre en distintos contextos de la vida cotidiana.

En el análisis, quienes utilizaban varias formas presentaron los niveles más elevados de consumo diario y de trastorno por consumo de cannabis.

El doctor El-Shahawy explicó que conocer la modalidad de consumo podría ayudar a los médicos a identificar cuándo es conveniente realizar una evaluación más completa.

La propuesta cambia ligeramente la manera de abordar el tema: en lugar de limitarse a preguntar “¿consume cannabis?”, los profesionales podrían explorar también “¿cómo lo consume?”, con qué frecuencia y si combina distintas presentaciones.

¿Los comestibles representan un menor riesgo?

Uno de los resultados que requiere mayor contexto fue el observado entre quienes consumían principalmente productos comestibles.

De acuerdo con el estudio, este grupo presentó un 51% menos de probabilidades de consumo diario y un 59% menos de probabilidades de presentar un trastorno por consumo de cannabis frente al grupo de referencia utilizado en el análisis.

Sin embargo, estos resultados no significan que los comestibles sean inocuos ni que puedan considerarse una forma segura de consumir cannabis. El método de administración cambia la manera en que los compuestos del cannabis ingresan al organismo y puede modificar la intensidad y duración de sus efectos.

Precisamente por eso, los investigadores subrayan la importancia de ofrecer mensajes específicos para cada modalidad. En el caso de los productos comestibles, el principio que destaca El-Shahawy es “empieza bajo y ve despacio”, debido a que sus efectos pueden tardar más en aparecer.

Esa demora puede llevar a algunas personas a consumir más antes de sentir los primeros efectos, aumentando posteriormente la intensidad de la experiencia.

Fumar y vapear también muestran diferencias

El estudio también encontró una señal de riesgo entre quienes combinaban fumar y vapear.

Los consumidores que utilizaban ambas modalidades tenían 32% más probabilidades de consumir cannabis diariamente y 31% más probabilidades de presentar un trastorno por consumo de cannabis.

Nuevamente, los investigadores no plantean que combinar ambos métodos sea necesariamente la causa de esos problemas. Más bien, los datos muestran que esta conducta aparece asociada con un patrón de consumo más intenso.

Esto resulta especialmente relevante porque vapear puede ser percibido por algunas personas como una alternativa necesariamente menos problemática que fumar. Sin embargo, la vía de administración no elimina los riesgos asociados al consumo frecuente de cannabis.

Los adultos jóvenes aparecen entre los grupos más expuestos

La edad también marcó diferencias importantes en los resultados.

Los adultos de 18 a 25 años tenían 2.5 veces más probabilidades de ser consumidores duales, es decir, de utilizar principalmente tanto cannabis fumado como vapeado, en comparación con las personas de 50 años o más.

La diferencia fue todavía mayor cuando se analizaron quienes empleaban múltiples formas de cannabis. Los adultos jóvenes presentaron casi 3.6 veces más probabilidades de pertenecer a este grupo que los participantes de mayor edad.

Los resultados refuerzan la necesidad de que los mensajes de prevención no se concentren exclusivamente en el cannabis fumado. Para los adultos jóvenes, señalan los investigadores, también resulta necesario hablar sobre los riesgos relacionados con el vapeo y, particularmente, con la combinación de diferentes modalidades.

Una señal de alerta, no un diagnóstico

Uno de los aspectos más importantes para interpretar el estudio es que la forma de consumir cannabis no permite diagnosticar por sí sola una adicción.

Una persona puede utilizar más de una modalidad y no presentar un trastorno por consumo de cannabis. Del mismo modo, alguien que fuma exclusivamente puede desarrollar un patrón problemático.

El trastorno por consumo de cannabis implica un conjunto de síntomas y dificultades relacionadas con el uso de la sustancia, como pérdida de control, consumo persistente pese a consecuencias negativas o interferencia con distintas áreas de la vida.

Por eso, los autores plantean que conocer las modalidades utilizadas puede funcionar como una pieza adicional de información para la evaluación clínica, no como una prueba definitiva.

El siguiente paso de la investigación será tratar de entender por qué algunas personas eligen una modalidad sobre otra y qué factores explican que determinados consumidores terminen combinando diferentes formas de cannabis.

El mensaje central del trabajo, por tanto, no es que una presentación sea automáticamente buena o mala. Es que el patrón de consumo importa. En un escenario donde la marihuana puede encontrarse en múltiples formatos, conocer no solamente cuánto consume una persona, sino también cómo, con qué frecuencia y en cuántas modalidades, puede ayudar a detectar antes aquellos casos en los que el consumo comienza a convertirse en un problema.