Hartos de que las autoridades municipales se hagan de la vista gorda, los colonos del municipio de Tultitlán, en el Estado de México, armaron una rechifla visual. Este domingo sacaron la casta y rebautizaron la colonia Cuarta Transformación con el polémico nombre de “Transformación de 4ta”.
La molestia no quedó ahí. Los vecinos salieron a las esquinas para reemplazar las láminas oficiales de las calles por nombres que, a su decir, reflejan los pendientes del partido en el poder. Ahora, en las esquinas se leen lápidas viales con leyendas como “Narcoestado”, “Segalmex” —en alusión al desfalco millonario en la dependencia federal— y “Cártel la Barredora”.
El origen del conflicto: Trámites y nostalgia
La bronca no es nueva, trae cola desde inicios del 2025. En ese entonces, la exalcaldesa Elena García decidió unificar los barrios de Firmesa II, Firmesa III y El Paraje para fundar oficialmente la colonia Cuarta Transformación. Con la venia del cabildo, las calles fueron nombradas como los megaproyectos y políticas insignia del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
A la gente no le cayó en gracia el chistecito. Más allá de las simpatías políticas, el cambio de nomenclatura obligó a las familias a rascarse el bolsillo y perder horas de trabajo. Actualizar escrituras, credenciales del INE, recibos de luz y predial en el Estado de México cuesta dinero y un vía crucis burocrático que los vecinos calificaron como un verdadero abuso.
La postura oficial frente a la rebeldía
La actual presidenta municipal de Tultitlán, Ana Castro, no se quedó callada y salió a caponear el toro. La alcaldesa defendió la identidad de la colonia argumentando que la zona nació como un asentamiento irregular y que el cambio de nombre le daba orden al territorio.
Para rematar y justificar la decisión de su antecesora, Ana Castro lanzó una pedrada histórica al asegurar que le daría más pena vivir en una calle que llevara el nombre de Gustavo Díaz Ordaz, el presidente señalado por la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.
Al cierre de la jornada, las placas colocadas por los vecinos permanecían en las fachadas. Los inconformes advirtieron que no darán marcha atrás hasta que el Ayuntamiento se siente a negociar los costos de la regularización de sus documentos de identidad.
