Cacería en el asfalto: Multas de 3,500 y corralón por cascos irregulares

HÉCTOR «EL METRÓPOLI» GUEVARA

SSC activa «Cero Tolerancia»: casco no certificado te costará $3,519 pesos y el traslado inmediato de tu moto al corralón sin excusas.

Este lunes, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) endureció la mano en las arterias principales de la capital. El mensaje es tajante para los miles de motociclistas que circulan diariamente por la urbe: el periodo de gracia terminó. Los filtros de revisión, instalados de manera estratégica en puntos neurálgicos, ya no están emitiendo advertencias verbales; la orden es remitir al depósito vehicular a quien infrinja la norma de seguridad básica, convirtiendo el traslado matutino en una pesadilla administrativa para los desprevenidos.

El golpe al bolsillo es contundente y no admite regateos. La infracción por portar un casco que no cumpla con las especificaciones técnicas o por llevarlo mal abrochado asciende hasta las 30, 35 o 40 Unidades de Medida y Actualización (UMA). Esto se traduce en una sanción económica que puede alcanzar los $3,519 pesos, cifra a la que el usuario deberá sumar los costos del «arrastre» de la grúa y el pago de derechos por cada día que la unidad permanezca guardada en el corralón.

Para evitar que la autoridad le «pase la báscula», el capitalino debe entender qué exige el Reglamento de Tránsito reformado. No basta con traer cualquier protección; los llamados «cascos de bacinica» o tipo skull cap son boleto directo al encierro. La normativa exige cascos con certificación vigente —DOT, ECE o la Norma Oficial Mexicana—, diseñados específicamente para motociclismo, que cubran la mandíbula y cuenten con relleno de absorción de impactos. Si su equipo es de uso industrial o ciclista, es mejor que ni saque la moto.

La dinámica en los retenes ha generado fricción inmediata. En vialidades como Circuito Interior y Calzada de Tlalpan, se observa a los elementos de Tránsito deteniendo «jinetes» en masa. La revisión incluye no solo el casco del conductor, sino también el del acompañante. Si el copiloto no cumple con la norma, la motocicleta completa es la que paga los platos rotos y termina enganchada a la grúa, dejando a los usuarios varados a mitad del trayecto.

Este endurecimiento responde, según cifras oficiales de la SEMOVI, al alarmante incremento en la siniestralidad vial donde se ven involucradas motocicletas. Sin embargo, en el asfalto la percepción es distinta. Para el gremio motociclista, la medida tiene un fuerte aroma recaudatorio, aplicándose con rigor en zonas de fácil captura, mientras que en las periferias o zonas de alto riesgo delictivo, la anarquía vial continúa sin que ninguna patrulla intervenga con la misma ferocidad.

Es vital recordar que, bajo el esquema de «Cero Tolerancia», la motocicleta se va al depósito forzosamente. No existe la posibilidad de que un familiar traiga un casco certificado al lugar para subsanar la falta y liberar la unidad in situ. Una vez que la infracción se levanta, el vehículo ingresa al sistema y el conductor debe iniciar el viacrucis burocrático en las oficinas de atención ciudadana para acreditar la propiedad y pagar los adeudos pendientes, incluidas tenencias atrasadas.

La documentación es otro talón de Aquiles para muchos. Durante el operativo, se está verificando con lupa que la licencia sea la A1, A2 o permanente con la modalidad correspondiente. Circular con permiso vencido o sin placas visibles agrava la situación, acumulando multas que pueden superar fácilmente el valor comercial de una motoneta de baja cilindrada, lo que provoca que muchas unidades sean abandonadas definitivamente en los depósitos vehiculares.

Expertos en movilidad sugieren que, más allá de la sanción, el motociclista debe adoptar la conducción defensiva como doctrina de vida. El casco certificado no es un amuleto contra multas, sino la única barrera entre el cráneo y el pavimento en una ciudad donde los baches y las coladeras abiertas son trampas mortales. La inversión en un buen equipo de seguridad, aunque costosa, siempre será inferior al gasto de una hospitalización o al pago de la liberación del vehículo.

La recomendación editorial es clara: revise su equipo hoy mismo. Verifique las etiquetas de seguridad en el interior del casco y asegúrese de que la visera y los broches funcionen correctamente. En esta jungla de concreto, la autoridad no está aceptando argumentos ni «paros»; la ley se está aplicando a rajatabla y el desconocimiento de la norma no exime a nadie de terminar la jornada a pie y con una deuda considerable en la Tesorería.

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